¿Quién descubrió que los se­res humanos tienen cuatro ti­pos de sangre?


   El año 1930 le era concedido el Pre­mio Nobel de Medicina al médico estadounidense de origen austríaco Karl Landsteiner. El galardón venía a reconocer con toda justicia los méritos científicos de su obra, tan importante como copiosa, y fuente de aportaciones valiosas al campo de la patología, de la serología y de la inmunología. Pero, sobre todo, suponía la recompensa de la ciencia a un descubrimiento trascendental para la humanidad: el de los grupos sanguíneos de nuestra especie. Karl Landsteiner había descubierto en 1900 que toda persona, sin distinción de raza o se­xo, pertenece necesariamente a uno u otro de los cuatro grupos en que se puede clasificar la sangre hu­mana, o sea los llamados grupos O, A, B y AB. Esta clasificación se ha­ce en base a la compatibilidad o in­compatibilidad de cada tipo de sangre, por lo que el descubrimiento de Landsteiner venía a explicar los frecuentes casos de muertes ocurridas en algunas transfusiones de sangre de unas personas a otras. Hasta entonces se había creído que todas las sangres, incluso la de los animales, eran semejantes, cuando en realidad no sólo no lo son sino que pueden resultar fatalmente in­compatibles. Los glóbulos rojos, aunque pueden estar muy bien adaptados al suero de la misma per­sona, pueden no estarlo al suero de otra. En ese caso se dice que esas sangres son incompatibles. Investi­gaciones posteriores completaron el descubrimiento de Landsteiner en el sentido de poder establecer normas para determinar el grupo sanguíneo al que pertenece cada persona.

   Además de su utilidad en las trans­fusiones, el descubrimiento de Landsteiner tiene aplicaciones de carácter legal, bien como pista poli­cial para determinar la probabilidad de inocencia o culpabilidad en un caso (por ejemplo, gotas de sangre aparecidas en el escenario de un de­lito), bien para establecer o recha­zar la paternidad sobre un nacido. Karl Landsteiner nació en Viena en 1868 y estudió en la universidad de esa ciudad, en Zurich y en Munich. Fue profesor de Patología en la uni­versidad vienesa entre 1909 y 1919, pasando tras la I Guerra Mundial a residir en La Haya hasta que en 1922 se trasladó a Estados Unidos, requerido por el Instituto Rockefeller de Nueva York. Allí adquirió la nacionalidad norteamericana y tra­bajó hasta 1933, prosiguiendo su fe­cunda labor médica, entre la que hay que destacar también sus estu­dios sobre la poliomielitis. Karl Landsteiner murió en Nueva York en 1943.