¿Quién fue Montesquieu?

   Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu (1689-1755). Escritor, filósofo e historiador francés, n. en el casti­llo de la Brede, donde vivió gran parte de su vida, cercano a Burdeos. Fue consejero del par­lamento de Burdeos (1711) y magistrado de la ciudad (1716).

   Las primeras publicaciones de Montesquieu fueron ensayos so­bre física e historia natural, pero pronto, obede­ciendo a su vocación, se dedicó al estudio de la historia, de la política y de la moral (Dissertation sur la politique des Romains dans la re­ligion, Eloge du duc de la Force, Vie du maréchal de Berwick, etc.). Su renombre se inicia con la publicación de las Cartas persas (1721), obra satírica en la que finge una corresponden­cia que dos persas mantienen desde París con amigos de Persia, para enjuiciar así, con ironía ligera y maliciosa, las instituciones y las costum­bres de la Europa de su tiempo. A pesar de su frivola apariencia, en ellas se vislumbra ya el carácter serio y profundo de las obras futuras de Montesquieu.

   En 1726 abandona la magistratura, y en 1728 hace su ingreso en la Academia Francesa. La fama, alcanzada tan joven, no lo aleja de su pro­pósito de consagrarse al estudio. "Para conocer mejor a los hombres y las instituciones", Montesquieu viaja por casi toda Europa y permanece dos años en Londres. De vuelta a Francia, en el aislamiento sereno de la Brede, se dedica a la preparación de su magna obra de filosofía política y social, L'esprit des lois (1748), cuya composición le ocupa 20 años y le mina al cabo la salud. Inte­rrumpió su trabajo primordial para publicar en 1734 sus Considérations sur les causes de la grandeur des Romains et de leur décadence, que es como un capítulo previamente despren­dido, a modo de ensayo, de la obra capital en preparación. En las Consideraciones el azar que­da eliminado del estudio de la historia: "No es la fortuna la que domina al mundo", dice; la his­toria y la política se explican con hechos, no con teorías abstractas, y sobre ellas actúan "causas generales, ya morales, ya físicas . . ."

   El espíritu de las leyes es el producto de cua­renta años de meditación, y contiene todas las ideas de Montesquieu aplicadas a un estudio de todas las legislaciones. En esa obra magna se exponen o amplían las ideas del autor sobre las ventajas que ofrece la separación de los poderes del estado en ejecutivo, legislativo y judicial; sobre los derechos del trabajo; sobre la justa, y sensata, equiparación de la mujer; sobre la im­portancia del bienestar público, si bien no a costa de la propiedad privada; sobre la excesiva severidad de las leyes penales, etc.

   Montesquieu, espíritu sereno y carácter esta­ble, conservó en su vejez su pasión por el es­tudio. Polibio y Bossuet fueron sus maestros. Y su influencia, notable en Voltaire y en Rous­seau, alcanzó a todo su siglo y aun a los escri­tores del XIX.