La leyenda de Anteo, el gigante

   Los gigantes, como hi­jos de la Tierra, perdían su fuerza al dejar de tener contacto con el suelo. Uno de ellos, Anteo, hijo de la Tierra y de Neptuno, era un luchador formidable, buscador de pendencias con los héroes, para acabar descabezándolos y adornar con los cráneos el templo de su padre. Pero este hijo de las aguas y de la tierra encontró un vencedor en Hércules, hijo de Júpiter, dios del Cielo o Firma­mento, cuando éste, en un viaje al Hiperbóreo, iba en busca del tesoro de las Hespérides.
   La alusión que esto supone a la superioridad de los elementos diurnos y luminosos sobre los acuáticos y terrestres es evidente. Aparece bien clara en el sig­nificado del episodio. La leyenda de Anteo está bor­dada con detalles de su lucha con Hércules, pues éste, para destrozarlo, necesitó mantenerlo levantado en el aire, sin poder recibir la emisión de fuerza que le llegaba de su madre, la diosa Gea o Tierra, tan pronto como recobraba contacto con ella.