El filósofo Aristóteles

ARISTÓTELES


TODO aquel que, preguntaba al filósofo Platón cuál era el que consideraba su mejor discípulo, recibía siempre la misma respuesta: "Sin duda que no es otro que Aristó­teles. ¡Este joven es la inteligencia personificada!" Platón, uno de los hombres más talentosos de la antigüe­dad, no podía equivocarse al formu­lar tal juicio. Aristóteles, efectiva­mente, reveló bien pronto las dotes excepcionales de su intelecto. Trató todas las ciencias entonces conocidas y en cada una de ellas legó a la pos­teridad nociones valiosas. Sus princi­pios científicos fueron considerados inobjetables durante el Medioevo, y sólo el nacimiento de la ciencia expe­rimental evidenció la inexactitud de algunos de sus postulados. Hasta que aparecieron los elementos instrumen­tales de la física moderna (telescopio, microscopio, etcétera), que sirvieron para revelar aspectos hasta entonces desconocidos del universo, las teorías de Aristóteles fueron, con justicia, con­sideradas como las más autorizadas.


EN LA CORTE DE MACEDONIA
Cuando en el año 367 a. de J. C., Aristóteles dejó su ciudad natal de Estagira (en Tracia), para radicarse en Atenas, era un joven de 17 años de edad. Llegado a Atenas, comenzó a frecuentar la Academia, es decir, la escuela del filósofo Platón. Evidenció una inteligencia tan viva que en po­co tiempo llegó a ser el discípulo pre­dilecto del eminente filósofo griego. Frecuentemente se daba el caso de que, después de las lecciones, Platón mantuviera largas conversaciones con este discípulo extraordinario. Aristó­teles frecuentó durante veinte años la escuela de Platón. Pero durante todo ese tiempo no se limitó solamente a ser un notable discípulo. Apenas se consideró suficientemente preparado comenzó a escribir una serie de obras, con las cuales hizo una demostración de su extraordinario nivel intelectual. En la época de la muerte de Platón, ocurrida el año 347 antes de Cristo, Aristóteles era ya famoso en toda Gre­cia. Así fue cómo, en 343, Filipo II, rey de Macedonia, decidió confiarle la educación de su hijo (el futuro Ale­jandro Magno). Aristóteles permane­ció cuatro años en la corte de Macedo­nia, durante los cuales tuvo oportuni­dad de profundizar las investigacio­nes científicas que había iniciado tiem­po atrás, bajo la dirección de Platón.


LA ESCUELA DE ATENAS
De regreso en Atenas en el año 335 a. de J. C., Aristóteles decidió fundar una escuela. Se instaló en un conjun­to de edificios dedicados al dios solar Helios (Apolo) Licio; de aquí derivó el nombre de Liceo, dado a su escuela.
A los numerosos jóvenes que fre­cuentaron sus lecciones, Aristóteles les enseñó los resultados de sus estudios relativos a geometría, física, botánica, zoología, astronomía, política, etcétera. Pero, sobre todo, el gran filósofo les enseñó la lógica; es decir, el arte de razonar de un modo correcto para des­cubrir la verdad de las cosas.
Durante los años en que mantuvo su escuela en Atenas fue largamente fa­vorecido en sus estudios por su anti­guo discípulo Alejandro Magno. Éste le dio la oportunidad de formar una vasta biblioteca y puso a su disposi­ción todos los instrumentos necesarios para sus investigaciones científicas.
Muerto Alejandro (323 a. de J. C.), el gran filósofo debió abandonar Ate­nas: fue formulada contra él la acu­sación de haber apoyado el gobierno despótico de Alejandro Magno.
Al poco tiempo de llegar a Caléis (en Eubea), con la esperanza de po­der reanudar la enseñanza y sus estudios, Aristóteles murió a la edad de 62 años. Transcurría el año 322.