Los inicios de los Puentes Colgantes

puente colgante Golden Gate
Golden Gate
   El puente colgante, en realidad es muy sencillo. Está sus­pendido, o colgado de dos o cuatro gruesos cables de acero anclados en enormes bloques de concreto de lados opuestos del río, pasando por torres muy altas de acero. Generalmente, por largos que sean los tramos hay sólo dos torres. Esto signi­fica que es necesario construir dos pilas en el río para sostener las torres.
   El hombre probablemente se valió de algún tipo de puen­te colgante desde que observó cómo los monos se colgaban de las lianas. Los chinos fueron los primeros en construir puentes colgantes verdaderamente fuertes.
   Hace varios siglos tenían ya puentes sostenidos por gran­des cables de bambú entrelazado o torcido. Todavía se encuen­tran en servicio algunos puentes de esa clase que salvan distancias hasta de noventa metros. Generalmente en uno de los extremos del puente hay un aparato para estirar el cable cuando comienza a dar de sí. Esos puentes tienen un camino formado por pequeños listones de madera colocados sobre los cables. Otros cables sirven de barandilla.
   Lo único malo de esos puentes colgantes es que los cables deben ser substituidos cada seis meses o cada año, para que sean seguros.
   Los puentes más grandes y más hermosos que se construyen actual­mente son colgantes por ser los más prácticos para atravesar un río an­cho y profundo. Desde luego, no necesitan estructura provisional ni andamiaje.
   Lo primero que hay que hacer en la construcción de un puente colgante es levantar las torres. El puente de Brooklyn, construido en 1883, fue el primer puente colgante de grandes dimensiones. Sus torres son de piedra. Ahora, casi todos los grandes puentes colgantes tienen torres de acero. Las que sostienen los cables del puente Transbay, de San Francisco, tienen una altura de 227 metros. Los cimientos llegan otros 30 metros debajo del agua. Las torres son tan altas que en la punta se les pone luces, para evitar que los aviones choquen contra el puente.
   En tanto que los obreros del acero levantan las torres más y más alto, otras cuadrillas construyen en las dos riberas enor­mes anclajes de los cables. Puesto que esos anclajes deben re­sistir el empuje de decenas de miles de toneladas, por lo general son blo­ques inmensos de piedra y concreto tan grandes como un edificio.
   Clavados muy adentro de los an­clajes hay pesadas vigas de acero, en cuyas extremidades están sujetas enormes argollas. El cable se amarra a esas argollas.
   Los cables de los puentes colgantes se construyen, en el lugar mismo de la obra. Cada cable está formado por miles de alambres de acero, estirados los unos al lado de los otros y en­rollados juntos. En el puente Golden Gate, cada cable tiene más de noventa centímetros de diámetro y está formado por 27,572 alambres de acero.
   Sin embargo, antes que los ingenieros puedan empezar a trenzar los cables, deben construir plataformas provisiona­les para los trabajadores a grandes alturas —y antes de poder construir esas plataformas deben colocar en su lugar los pe­queños cables que habrán de sostenerlas.
   En 1851, John Roebling, el renombrado diseñador del Puen­te de Brooklyn, empezó a levantar un puente colgante abajo de las cataratas del Niágara. Pero ninguna embarcación podía cru­zar con seguridad los rápidos para llevar la primera cuerda a la otra orilla. John Roebling tuvo entonces una idea. Ofreció 10 dólares a la primera persona que volara una cometa a través de los rápidos y atara su hilo a un árbol de la ribera opuesta.
   Con la ayuda de un amigo que esperó al otro lado del río, logró hacer eso un joven llamado Homan Walsh. Los in­genieros utilizaron el hilo de la cometa para atravesar una cuerda más gruesa, y con esa cuerda, un cable. No tardaron en colocar varios pequeños cables de acero y en 1855 quedó terminado el puente colgante sobre los rápidos.