¿Cómo es el tallado de las piedras preciosas?


   La talla y el acabado de los diaman­tes son operaciones muy delicadas, que sólo llevan a cabo unos especia­listas que se transmiten el arte de padres a hijos. No todos los dia­mantes se prestan a ser tallados y transformados en brillantes. Los menos puros, así como los fragmen­tos procedentes de la talla de las gemas, se utilizan con fines indus­triales. Por su extrema dureza son indispensables para cortar y alisar hasta las más resistentes aleacio­nes metálicas.
   Otra piedra de gran valor es la es­meralda, cuyo color es el verde. Es­ta piedra suele ser de pequeñas dimensiones: cuando supera los diez quilates y está exenta de defectos constituye un ejemplar tan insólito que vale más que un diamante de sus mismas dimensiones. Buena parte del valor que se atribuye a di­chas gemas se debe a la especial clase de talla a que son sometidas. Por regla general, se procura tallar las piedras de tal manera que la luz, al atravesarlas, se refracte en mil colores. Ello se consigue haciendo que la gema terminada forme un conjunto de pequeños prismas, que —como es sabido— poseen la propiedad de refractar la luz compo­niendo los colores del arco iris.
   La parte superior de una piedra talla­da se denomina corona y la inferior pabellón. La cara más alta de la pie­dra se denomina mesa, y el fondo del pabellón mesa inferior.